jueves, 19 de marzo de 2009

A cada cual lo suyo

Leonardo Sciascia
(A ciascuno il suo)
Tusquets Editores, 2008
Calificación: 4/5

Una de las claras muestras de encontrarnos ante un maestro, no ya de literatura o de lo que sea, un maestro sin más, es la capacidad de alcanzar con pocos y sencillos elementos, un resultado complejo, profundo.

Conocía a Sciascia de otras obras,
Todo modo y El caso de Aldo Moro. La primera, una de sus novelas más conocidas y valoradas, es una crítica social, descarnada, sin envoltorio que la haga digerible, demasiado evidente y previsible. La segunda es una interesante reconstrucción de unos de los capítulos más traumáticos de la historia reciente italiana, el secuestro y asesinato posterior del líder de la Democracia Cristiana a manos de las Brigadas Rojas.

En esta novela Leonardo Sciascia,
A cada cual, lo suyo, parte de una historia escuchada hasta el hastío (un anómino que amenaza de muerte), planteada linealmente (sólo dos elipsis, al principio y al final, coincidiendo con los crímenes), situada en un lugar y un tiempo aparentemente anodinos (en un pueblo de Sicilia de los años sesenta). Con este esquema tradicional de novela negra y un tono costumbrista, en el que tan cómodos se encuentran los autores sicilianos, Sciascia realiza la más lúcida y feroz crítica social que yo recuerde, deslumbrante por su brillantez, heladora por sus conclusiones.

Este terreno especialmente pantanoso, el de la crítica social, tan dado a intelectualismos vacuos, moralismos cargantes y pretensiones estéticas a años luz de los resultados, está plenamente logrado en
A cada cual, lo suyo, por un camino, sin embargo, insólito para ello, una novela criminal de pueblo, siciliano para más señas. Si la crítica social pretende levantar al lector de su asiento y movilizar las conciencias, el efecto de A cada cual, lo suyo es contraproducente, su análisis es tan certero y sus conclusiones tan demoledoras, que cualquier tentación de rebeldía queda automáticamente frustrada y machacada. A este respecto merece destacar el capítulo final, genial desenlace, terrible frase final con la que se cierra el libro.

El contrapunto lo da este humor siciliano tan característico, irónico, descreído, soterrado, hecho de sobreentendidos y complicidades culturales, que se reconoce también en Andrea Camilleri. Un humor que se recrea en la descripción de ambientes y personajes, calificable como costumbrista sin connotaciones peyorativas, que deja vislumbrar una profunda identificación de Sciascia con lo siciliano sin renunciar a la denuncia de los males endémicos sicilianos. Sciascia decía que odiaba Sicilia en la misma medida en que la amaba.

Como toda obra maestra que se precie de serlo, llamémosla ya así para acabar de decirlo de una vez, funciona en varios registros posibles, como novela negra, como novela costumbrista y como novela social, por supuesto. Lectura imprescindible. Ya empiezo a disfrutar por adelantado
El día de la lechuza.

LO MEJOR: Lo definiría como el
efecto tortilla española, es decir, cómo es posible que con tres ingredientes básicos, cual son patata, huevo y aceite, se pueda elaborar un plato con tantos matices y sabor tan penetrante.

LO PEOR: Tendré que leerlo nuevamente para encontrar algún inconveniente.

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domingo, 8 de febrero de 2009

El engaño de Selb

Bernhard Schlink
(Selb Betrug)
Editorial Anagrama, 2004.
Calificación: 3/5

Descubro con interés que este Schlink es el mismo autor del bestseller internacional El lector, traducido a multitud de idiomas y adaptado al cine en una recientemente estrenada película del mismo nombre, protagonizada por Kate Winsley y bien acogida por la crítica. No es habitual que los autores de novela negra/criminal triunfen fuera del género (que se lo digan a Henning Mankel), sí es más frecuente que novelistas extramuros se vean tentados por el lado oscuro (el último, Ramiro Pinilla con Sólo un muerto más).

El engaño de Selb es la segunda novela de la trilogía dedicada al detective Gerhard Selb, que comienza con La justicia de Selb y termina con El fin de Selb. El protagonista es detective privado en la ciudad alemana de Mannheim, en el estado federado de Baden-Wurterberg, en el sudoeste de Alemania. Selb ronda los setenta años pero sigue en forma, tiene una novia, Brigitte, mucho menor que él, y se resiste a abandonar la independencia que comparte con su gato Turbo. En su juventud fue fiscal nazi, ocupación que abandonó asquedado consigo mismo a pesar de haber tenido la posibilidad de rehabilitarse, como tantos otros hicieron en cuanto pudieron.

En esta ocasión Selb es contratado por un padre rico para que encuentre de forma discreta a su hija desaparecida. Selb busca a la chica y en sus pesquisas se ve envuelto en la investigación de un atentado contra un supuesto depósito de gases venenosos de una base americana, atentado realizado por herederos de la extinta banda terrorista de los Baader Meinhof, que en los años setenta tuvo en un puño a la sociedad alemana occidental. Selb tiene también que sortear las maniobras oficiales para encubrir la existencia de ese depósito ilegal, inconfesable por el peligro que supondría para la población civil, lo que le lleva a enfrentarse a la BKD, la Oficina Federal de Investigación Criminal.

Selb siempre toma partido, quizá movido por el arrepentimiento de su pasado, quizá porque al acercarse al final de su vida no tiene nada que perder, lo cierto es que no es testigo pasivo de la acción, participa activamente, cambia el rumbo de los acontecimientos y asume las consecuencias que habitualmente tienen sus decisiones. Pocos protagonistas asumen este papel heterodoxo de forma tan acusada. Un acierto, en mi opinión, una nota distintiva sin tener que recurrir a excéntricas aficiones a las que nos tienen acostumbrados tantos protagonistas.

La novela criminal te permite trasladarte a un país distinto, visitar ciudades, conducir por autopistas, recorrer calles y plazas, tomar atajos, introducirte en edificios, frecuentar bares y restaurantes, tratar con personajes de otra cultura, como si de un viaje virtual se tratara, con la ventaja de hacerlo con la familiaridad y espontaneidad del autor nativo. Esto le otorga un valor añadido que uno no disfrutaría aunque hiciera efectivamente ese viaje por su propia cuenta. Leer una novela criminal de otro país es tener un amigo en cada ciudad, que filtra y matiza para ti las recomendaciones oficiales de una guía de viajes. Edimburgo no sería lo mismo si no lo viéramos a través de los ojos de Rebus, o Atenas en la piel de Jaritos, o Sicilia en la de Montalbano.

En el caso de Selb, la acción de sitúa en la Alemania profunda de los años noventa, de ciudades industriales, de tranquilidad provinciana y alto nivel de vida, territorio próximo en la distancia pero absolutamente desconocido. Al contrario de Gran Bretaña, Francia o Italia, de las que tenemos un conocimiento bastante aproximado, creo que Alemania sigue siendo para nosotros un vecino ausente, apenas sabemos de ella a través de unos cuentos tópicos locales (de los que nos quejamos amargamente cuando nos toca a nosotros), el nazismo, el muro de Berlín, la locomotora económica de Europa, cerveza y salchichas de la Octoberfest de Munich, y... poco más.

La trama de la novela funciona con precisión, aunque se va enrevesando paulatinamente y da sucesivos giros, se sigue sin problemas y lo que es más importante, con interés, toca temas de actualidad, terrorismo, ecologismo, tiene personajes verosímiles, bien definidos, pero... no enganchan ni los personajes ni el protagonista ni el mundo que propone, una maquinaria perfecta pero absolutamente fría, distante, sin alma, ¿será que he caído en la trampa de los tópicos? ¿O es simplemente que El engaño de Selb cumple al mostrarnos un mundo pudiente, sofisticado, cotidiano, soso?

LO MEJOR: Selb toma partido, de forma activa y contundente, en favor de qué es lo de menos. La trama es el punto fuerte de la obra, todos los mecanismos encajan a su debido tiempo.

LO PEOR: Habrá que viajar a Mannheim para comprobar si todo es tan plano como parece, o ello se debe a la visión del autor.

domingo, 18 de enero de 2009

Juegos sagrados

Vikram Chandra
(Sacred games)
Mondadori, 2007
Calificación: 5/5

Cuando se empieza a leer un libro de mil páginas, existen dos posibilidades. O se convierte en una travesía del desierto, eterna y dolorosa, donde cada capítulo supone un trago de jarabe amargo y miras constantemente las páginas que has leído en los últimos treinta segundos. O por el contrario, te sumerges por completo en la historia (o historias, en este caso), pierdes toda noción del mundo exterior y sólo te das cuenta del rato largo que llevas leyendo cuando descubres con preocupación cómo van bajando las páginas que quedan para el final.

Un ejemplo de esta segunda posibilidad es Juegos Sagrados.

Tiene la enorme ventaja de situarse en la India del siglo XX y XXI, lo que le otorga una baza narrativa ilimitada, si como es el caso, se sabe aprovechar. A lo largo de la obra nos asomamos al conflicto siempre presto a saltar entre India y Pakistán, desde las masacres históricas de la Partición hasta la actual amenaza nuclear; las tensiones constantes entre religiones, hindúes y musulmanes principalmente, pero sin olvidar a los sikhs, las diversas confesiones cristianas, judíos, parsis; las tensiones entre castas, desde los solemnes brahamanes o los inquietantes kshatriyas hasta las otras castas atrasadas (OBC, other backward castes), los grupos tribales y los dalits o intocables; las inabarcables lenguas indias, de las que Juegos Sagrados recoge multitud de expresiones y vocabulario, en hindi, urdu, marathi, panjabí, bengalí, tamil, telegu, jerga de Bombay, y como lengua común y sofisticada de la élite, el inglés; las luchas políticas entre el Partido del Congreso y los fundamentalistas hindúes, que todo lo contaminan y todo lo trastocan; el lujo y la estética filmi de las películas de Bollywood, y su desconocido trasfondo de miseria moral; y por supuesto, Bombay, las guerras entre bandas mafiosas, las clases acomodadas que pueden permitise juegos amorosos, los afanosos trabajadores enfrascados en la pelea diaria por dar un futuro con mayores posibilidades a sus hijos, las buras o asentamientos de chabolas en las que se refugia toda la población que llega a la ciudad sin nada material pero con las ilusiones de una vida mejor.

A pesar de moverse entre criminales, políticos corruptos, policías embrutecidos, gurús impostores y toda clase de fauna urbana, la historia está contada con un estilo depurado e hipnótico, que le proporciona por momentos un aire épico o doméstico, brutal o nostálgico. Utiliza la técnica del relato en paralelo, donde se seguimos a un policía sikh, Sartaj Singh, y a un jefe de una banda mafiosa india de ámbito internacional, Ganesh Gaitonde. Donde empieza el relato del primero, termina el del segundo, este último se rememora en forma de flashback. Esta técnica no es novedosa, pero aquí está tratada con notable acierto, de forma que las dos historias avanzan progresivamente y se van explicando mutuamente, las investigaciones del policía dan pistas narrativas sobre las andanzas criminales del mafioso, y viceversa.

Algunos capítulos son lo que el autor llama insertos, en realidad historias breves protagonizadas por algunos personajes secundarios en otro tiempo y lugar, que contribuyen a explicar la trama argumental principal que se desarrolla en tiempo presente. Habitualmente este tipo de digresiones son, en otras novelas, un auténtico coñazo, dicho mal y pronto, que nada aporta salvo distraer gratuitamente. En el caso de Juegos Sagrados, estos insertos son uno de los mayores aciertos y su lectura resulta especialmente apetecible.

Los personajes están bien definidos, con paciencia se va desgranando su personalidad, su pasado, sus objetivos (o no objetivos) vitales; no son buenos o malos, el honrado policía puede aceptar sobornos o hacer la vista gorda ante tejemanejes, y el mafioso puede tener grandes gestos, sin que por ello cambiemos la opinión que nos merecen unos y otros. Es simplemente cuestión de supervivencia y de no volverse loco nadando contracorriente.

En resumen, una novela total. Aparentemente todo apunta a una novela negra, ya que cuenta historias de crímenes de Bombay, pero es mucho más que eso, es una novela social, una novela histórica, una novela política, una novela realista, una novela de sagas familiares. Recuerda las obras monumentales del siglo XIX, como Guerra y Paz o Los Miserables, tiene ese mismo afán por contarlo todo y desde todos los puntos de vista,... y lo consigue. Cuando se termina su lectura, uno tiene la imposible sensación de entender porque India, y por extensión el mundo, es como es.

LO MEJOR: De entre las muchas virtudes de la obra, destacaría los insertos, pequeñas joyas que en pocas páginas cuentas toda una vida y te dejan sin respiración, especialmente las que enlazan con la historia de la Partición entre India y Pakistán.

LO PEOR: Un inconveniente, no de la obra, sino de la edición. Las numerosas palabras en distintos idiomas indios enriquecen la descripción de lugares y situaciones, pero al localizarse en un glosario al final del libro, dificultan una lectura fluida si uno se quiere empapar de todas ellas. Hubiera sido preferible incluir este glosario a pie de página.

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jueves, 1 de enero de 2009

Gomorra

Roberto Saviano
DeBolsillo 2007
Calificación: 4/5

A menudo los libros o películas sobre conocidas organizaciones criminales adoptan, conscientemente o no, la perspectiva de las propias bandas, están contadas desde dentro, y mayoritariamente, desde arriba, narran las luchas entre los distintos familias, la sucesión de jefes al frente de cada clan, sus conexiones políticas e internacionales,… Seguramente ello se deba en gran medida a la necesidad de meterse en la piel de estos personajes para llegar a comprender su particular lógica, la razón de sus acciones, con frecuencia inescrutable si no se conoce mínimamente sus mecanismos internos.

Sin embargo, esta necesidad de escoger el punto de vista de las propias bandas se convierte, bajo la seducción inconfesable del poder y de la violencia, en un protagonismo cuasimítico y glamoroso, cuando no en una defensa o justificación encubierta. Una maravillosa película como El Padrino es un claro ejemplo de ello; sus elegantes secuencias, la música de Nino Rota, la historia familiar que cuenta (equiparables a otras sagas cinematográficas), todo contribuye a santificar y mitificar estos personajes.

La Camorra napolitana, conocida entre los suyos como el Sistema, ha sido mucho menos tratada por la literatura o el cine que otras organizaciones criminales, como la mafia siciliana o la jakuza japonesa y es menos conocida por la opinión pública, aunque ha causado más víctimas que ninguna otra. La Camorra no actúa como una única organización estructurada y jerarquizada, sino que es una confederación horizontal de bandas que opera, unas veces de forma coordinada, otras en guerra abierta.

El Sistema no es sólo una organización criminal, es una cultura impregnada en la piel, fruto de años de miseria, analfabetismo, ignorancia, violencia y desatención de los poderes públicos, se mama desde la cuna y se crece con ella pegada a cualquier ámbito de la vida particular, quien da un paso en falso, aunque sea involuntario, lo paga con su vida y con la de su familia. No hay lugar al glamour, al mito, a los códigos centenarios de honor, sólo existe un brutal salvajismo, un virus que se expande y pudre todo lo que toca.

Gomorra es un puñetazo al estómago que deja momentáneamente sin respiración,… con ustedes el mismísimo infierno, un infierno peor que cualquiera imaginado porque es real, se nos aparece aquí y ahora, en una de los principales países europeos y en el siglo XXI. Gomorra nos cuenta la vida de estas organizaciones desde fuera y desde abajo, escrita en primera persona desde la perspectiva de quien no es miembro del Sistema pero vive a su alrededor, de los que ven condicionada su existencia completa por las reglas que le son impuestas, de las víctimas de un poder que todo lo alcanza y que no es posible ignorar, que te envuelve y que te asfixia.

Gran parte de los hechos que cuenta Gomorra son testimonios vividos personalmente por Saviano, lo que no deja margen a la interpretación o la leyenda. Se han comentado muchas de las historias que contiene Gomorra. Hay una de ellas poco comentada que me ha parecido especialmente monstruosa.

Los distribuidores de droga adulteran el producto con todo tipo de otras sustancias para obtener el máximo beneficio económico. Se trata de añadir el menor porcentaje de droga a la mezcla, de forma que el corte parezco bueno y sobre todo no cause víctimas mortales. No por cuestiones humanitarias, sino por simple lucro económico: si se corre el rumor entre los adictos, el producto no se vendería. Para evitar este riesgo, ofrecen gratuitamente la droga a yonquis que encuentran en la calle, y esperan a ver los resultados… si el corte es malo, el yonqui muere o queda malparado, y no deben poner la sustancia en circulación. Por supuesto, los traficantes no se ocupan del yonqui envenenado, al que dejan agonizando tirado en algún tugurio. Lo más terrible es que los propios yonquis intuyen que están siendo cobayas humanas, pero su desesperación les empuja a aceptar cualquier prueba gratuita. Un experimento pseudocientífico al puro estilo nazi.

Contrariamente a lo que se pueda creer, los golpes policiales al Sistema son constantes y considerables, los capos caen continuamente, pero tiene una capacidad de regeneración asombrosa, el lugar de una banda caída es ocupado al momento por varias incipientes. De ahí que la meta parezca eterna e inútil para quienes tratan de luchar contra el Sistema o simplemente no verse arrastrado por su miseria. Lo resume Saviano de esta forma

"Te deshojan lentamente. Una hoja cada día, hasta que te encuentras desnudo y solo, creyendo que estás luchando contra algo que no existe, que es un delirio de tu cerebro. Empiezas a creer en las calumnias que te señalan como un insatisfecho que la toma con los que han triunfado, a quienes, por su frustración, llama camorristas."

A pesar de todo, Saviano acaba su libro con un grito de rebeldía: "¡Malditos bastardos, todavía estoy vivo!"

LO MEJOR: Sólida, bien documentada, comprometida, real, radicalmente distinta a las ficciones sobre mafias

LO PEOR: A pesar de su solidez documental de la partitura, cuando sale del medio familiar a Saviano se le dispara la sintonía, lo que no desmerece en absoluto el conjunto. Como cuando dice que el despegue de las infraestructuras de la Costa del Sol se debe a las inversiones de la Camorra napolitana. El fenómeno de lo que allí ocurre es bastante más complejo de explicar, en todo caso no se debe ni exclusiva ni principalmente a las inversiones de los clanes napolitanos.

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domingo, 21 de diciembre de 2008

Vosotros no sabéis

Andrea Camilleri

(Voi non sapete)

Ediciones Salamandra, 2008

Calificación: 4/5


Pizzini es el nombre en dialecto siciliano para las notas escritas en clave en pequeños trozos de papel, en los cuales los miembros de la mafia siciliana se intercambian todo tipo de mensajes, sobre sus actividades delictivas, sobre su vida personal, sobre otras personas. A partir de estos pizzini, Andrea Camilleri reconstruye a modo de diccionario los años de gobierno de Bernardo Provenzano al frente de la Onorata Societá.


Leyendo Vosotros no sabéis de Andrea Camilleri, se puede tener la falsa impresión de que Bernardo Provenzano no es el último gran capo de esa maquinaria criminal que es la mafia siciliana, infiltrada hasta la podredumbre en cada resorte de poder, incluidas y especialmente las instituciones públicas, sino un hombre de honor y gestor de negocios que busca equilibrios de poder entre los diferentes intereses, que cree en las soluciones pacíficas y conciliadoras y sólo recurre a la violencia en casos de fuerza mayor, guardián fiel de un cultura centenaria presidida por principios trasnochados o políticamente incorrectos que no tienen acomodo en el sociedad moderna italiana, hipócrita y presuntamente democrática, principios que sólo comprenden aquéllos que han lo han recibido en herencia por vía directa de su sangre siciliana.


Bernardo Provenzano comenzó su carrera criminal en los años 50. Junto con Salvatore Totó Riina y Calogero Bagarella, llegó a convertirse en lugarteniente del capo más importante, Luciano Ligio. Conocido como asesino implacable que en opinión de Riina, tiraba como Dios, en 1963 pasa a la clandestinidad tras participar en el asesinato de Navarra, capo de una familia rival.


La policía detiene a Ligio en 1974, y Totó Riina se hace cargo de la familia de los Corleonesi, llamada así por proceder de la localidad de Corleone, en la provincia de Palermo. Riina inicia una guerra salvaje sin precedentes frente a las otras familias mafiosas y especialmente contra los clanes tradicionalmente más poderosos de la capital Palermo. Los medios y la crueldad empleados son inéditos incluso dentro de las habituales guerras entre mafiosos. Cuando finalmente Riina alcanza la supremacía entre las familias mafiosas siciliana, las cifras de muertos se multiplican, ejerce su poder como una autoritaria dictadura militar, sin permitir rivalidades ni admitir desviaciones de las órdenes impartidas. El estilo de Riina pasa por dejar muestras patentes y publicas de su poder indiscutible frente a todos, incluido el Estado italiano.


Durante los años 80, Totó Riina declara una guerra abierta a los poderes públicos que está a punto de ganar. Por primera vez en su historia, la mafia emplea tácticas terroristas propias de los grupos de índole política. Se asesina al general Dalla Chiesa, jefe emblemático de la lucha antimafia en Sicilia, a los jueces Falcone y Borsellino, que inician el macroproceso que acabará con la condena de centenares de mafiosos, y a infinidad de otros policías, fiscales, jueces o simples ciudadanos, todo aquel que opone la menor resistencia a su reinado. Durante este período de guerra abierta y pública contra el Estado, Provenzano se desmarca de la táctica de Riina e incluso saca a su familia de Sicilia para no verse arrastrado por esta situación.


Cuando Riina es detenido en enero de 1993 y tras un breve interregno, Provenzano asume la jefatura de la mafia. Su táctica consiste en la inmersión, en hacer olvidar a todos, policía y opinión pública, la existencia o importancia de la mafia, que permita la reorganización de los negocios y afloje el cerco policial. Los conflictos han de solucionarse sin derramamiento de sangre, a la usanza de la vieja mafia, mediante la mediación y el arreglo pacífico, sólo recurriendo a la violencia cuando se hayan agotado los otros medios.


Mediante los pizzini, conocemos cómo Provenzano se reviste de un halo de religiosidad, como si el desempeño del liderazgo fuera una pasada carga impuesta por designación divina para evitar caer en los excesos pasados. Su existencia va haciéndose progresivamente más difícil conforme el acecho policial se intensifica. Tiene que cambiar frecuentemente de casa, su contacto con el exterior se restringe para asegurarse de que no es vigilado por la policía.


Durante gran parte de los 43 años en que estuvo desaparecido, Provenzano llevó una vida casi normal, vestía trajes de calidad, hacía buenas comidas en restaurantes caros, conducía coches potentes. En los últimos años previos a su detención se vio obligado a pasar permanentemente recluido en distintas casas de personas afines, llevando una vida espartana, se hacía su comida, se lavaba su ropa. Pero incluso en estos momentos, se las ingenió para burlar el cerco policial, como en 2005 cuando acudió a una clínica de Marsella para operarse de la próstata bajo la falsa identidad de un jubilado siciliano y pasó posteriormente los gastos de la operación a la Región de Sicilia para que le fueran reembolsados.


Su detención no es consecuencia de una traición, sino fruto de un paciente trabajo policial que se ha servido de los procedimientos clásicos. Los pizzini son la conexión de Provenzano con el mundo exterior, le permiten seguir al frente de la organización, pero también son su perdición. Gracias a las escuchas telefónicas y al seguimiento de las personas que hacen de correo de los pizzini, se da con el paradero de una casa de campo en Montagna dei Cavalli, donde es detenido Bernardo Provenzano el día 11 de abril de 2006. Cuando es detenido, interpela a los agentes de policía, Vosotros no sabéis lo que estáis haciendo.


Por primera vez un libro de Camilleri aborda como tema central la mafia siciliana. En los libros protagonizados por el comisario Montalbano la mafia tiene escasa presencia, restringida a muy determinados personajes en unas pocas novelas. En sus otros libros, los históricos, se intensifica progresivamente esta presencia mafiosa, aunque sigue limitada a la presencia de algunos personajes. En unas y otras, estos personajes mafiosos no son sino otro ingrediente más de esas historias, y no el principal. No se menciona la palabra mafia (al menos que uno recuerde). En alguna entrevista leída, Camilleri afirma querer evitar la identificación automática entre Sicilia y mafia, y lo consigue efectivamente. Sin ignorar este fenómeno, que determina gran parte de las cosas que suceden en Sicilia, Camilleri nos enseña otra realidad de su tierra. Su contribución a la lucha contra este fenómeno no podía hacerse esperar. Los derechos de autor del libro serán cedidos íntegramente a la Fondazione Andrea Camilleri e Funzionari di Polizia para los hijos de las víctimas caídas en acto de servicio.


LO MEJOR: Libro interesantes para acercarse a la lógica mafiosa y a la figura de Bernardo Provenzano, con el personal estilo de Camilleri. El formato de diccionario en que está estructurado el libro, si no original, sí resulta sumamente efectivo para resaltar los aspectos y elementos que interesan a Camilleri.


LO PEOR: Aventurar explicaciones a determinadas situaciones de una organización tan intrincada e incomprensible como la mafia, puede resultar, aun en el caso de un sabio como Camilleri, un ejercicio de ingenuidad que seguramente haya hecho esbozar alguna sonrisa de condescendencia al raro mafioso ilustrado que haya podido leer el libro.


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Panorama de literatura negra

He rescatado del archivo de prensa dos artículos que me han parecido interesantes, uno publicado recientemente y otro de hace meses, en los que se repasa el panorama de detectives de la literatura negra.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Aguas turbulentas


Ian Rankin

(The falls)

RBA Bolsillo, 2007

Calificación: 4/5


Edimburgo es una ciudad perfecta como escenario para una serie de novela criminal. Tiene un tamaño medio, se puede recorrer a pie su centro histórico y muchos de sus barrios, conserva una arquitectura de mansiones georgianas e iglesias neogóticas, callejones medievales, y está cargada de relatos de fantasmas y asesinatos históricos. Y es la ciudad del inspector John Rebus, de la policía de Lothian y Borders, todo un personaje creado a mediados de los noventa por el escritor escocés Ian Rankin.


Todas las peripecias de Rebus y de los demás personajes pueden seguirse fielmente con plano en la mano: los bares que frecuenta, sobre todo el Royal Oak y el Oxford Bar, la comisaría de Saint Leonard Street, el parque de los Meadows, su casa en Arden Street, puentes, restaurantes, calles, edificios, existen incluso visitas guiadas para los más aficionados. Si los lugares son en gran parte los ojos con que los vemos, Rankin ha conseguido trasladarnos la mirada sobre su ciudad, todo lector incondicional de Rebus tiene en ese Edimburgo un microcosmos acogedor, estimulante, entrañable, misterioso. Lo dice uno que ha pasado unos días en Edimburgo y ha percibido esas sensaciones. Lugares como Princess Street o North Bridge no serían lo mismo si no supiéramos que los ha cruzado Rebus de camino a la comisaría de Saint Leonard.


En Aguas turbulentas, el inspector Rebus se enfrenta la desaparición de Philippa Balbour, hija de un importante banquero local, con conexiones en las altas esferas que apremian la resolución del caso. La agente Siobhan Clark, compañera espiritual y laboral de Rebus, investiga el juego de rol en el que estuvo participando la desaparecida, mediante las claves que le proponía a través del correo electrónico un misterioso Programador. El caso se complica cuando aparece un pequeño ataúd hecho a escala con una muñeca en su interior, en las proximidades de la mansión campestre de la familia de la desaparecida.


Como en otras novelas de Rebus, Rankin introduce en Aguas turbulentas algunos relatos históricos de Edimburgo, en esta ocasión la historia de Burke y Hare, asesinos del siglo XIX que estrangulaban a sus víctimas para vender sus cadáveres a la facultad de medicina que los utilizaba en sus investigaciones del cuerpo humano, y la de los ataúdes en miniatura que aparecieron unos años después de la captura de los famosos asesinos en la cima de Arthur´s Seat, el volcán inactivo que preside la ciudad. La conexión entre estos históricos sucesos y el relato actual del inspector Rebus está bien hilada, y contribuye a aumentar la curiosidad por conocer el final.


Al igual que gran parte de los protagonistas de las series criminales actuales, el inspector Rebus es un antihéroe moderno cuya principal virtud consiste despreciar las conveniencias políticas internas del departamento de policía y centrarse en hacer bien su trabajo, con discreción y sin necesidad de reconocimiento público, un quehacer profesional que puede llevarle con frecuencia a la obsesión, una especie de necesidad vital. Es éste un denominador común de protagonistas como Montalbano, Jaritos o Wallander. En el caso de Rebus esta rebeldía va más allá, hasta el punto de llegar ser suspendido de empleo en muchos de sus casos. Y ello le ha impedido promocionar más allá de inspector, a pesar de contar con numerosos éxitos en su carrera, cercana ya a la jubilación.


Por lo demás, Rebus lleva una vida absolutamente gris, su mujer le abandonó, su hija se fue a vivir a Inglaterra y apenas tiene contacto con ella, y no tiene más vida social que la que comparte con viejos compañeros que van jubilándose o falleciendo y con la agente Siobhan Clark, una incipiente aprendiz de Rebus. El perfil políticamente incorrecto del inspector Rebus se completa con su afición a la bebida, que roza el alcoholismo.


Un buen indicativo de los tiempos que corren se encuentra en que los héroes modernos sean simplemente buenos y honrados profesionales, capaces de enfrentarse a todo por mantener sus principios de profesionalidad y honradez, asumiendo las consecuencias que ello pueda traerles (y que ineludiblemente les trae). Y la búsqueda compulsiva del criminal, una causa casi existencial por la que implicarse personalmente. Es curioso que quienes menos creen en los mecanismos de esta sociedad moderna sean los que con más empeño se dedican a protegerla, parecería que envían un mensaje a los criminales, yo tampoco creo en este mundo pero no me dedico a matar a nadie, me refugio en mi cinismo y los pequeños placeres de la vida, que en el caso de Rebus son el whisky, los bares y los discos de bandas o solistas británicos.


Ahora que se anuncia del final de la serie Rebus con la publicación de la última novela (hasta el momento) La música del adiós, es un buen momento para rescatar algunas novelas no leídas de este personaje, y degustarlas con la fruición del que apura los últimos tragos de un scotch con solera. Para quienes seguimos y estimamos sus andazas, no se concibe un Rebus jubilado, eso sería peor que matarlo.


LO MEJOR: La trama propuesta está hábilmente construida por varios pistas, algunas de ellos históricas, que componen un mecanismo que funciona con precisión y mantiene al lector pegado a sus líneas buscando desentrañar la historia, coronado con un gran cierre, algo especialmente difícil cuando se trata de un buen comienzo.


LO PEOR: Quizás su excesiva extensión (los casos de este protagonista no suelen bajar de quinientas páginas), si bien nos permite disfrutar un poco más del mundo Rebus, pero ralentiza en exceso el desarrollo de la historia. Pero ya digo, un mal menor.


ENLACES DE INTERÉS:


The Oxford Bar