Analdur Idridason miércoles, 29 de julio de 2009
La mujer de verde
Analdur Idridason lunes, 13 de abril de 2009
El hombre del balcón
Maj Sjöwall y Per Wahlöö(Mannen pa balkongen)
RBA Libros, 2008
Calificación: 4/5
Suecia ha sido desde hace décadas un buen vivero de autores de novela policíaca; suyos son dos de los principales autores contemporáneos, los archiconocidos Mankell y Larsson. Descubrir ahora al dúo Sjöwall-Wahlöö supone asistir al nacimiento de la novela policíaca europea moderna, muchos de los delitos, tramas, recursos, personajes, desenlaces, se han desarrollado después millones de veces, pero en esta serie se tiene la emoción de inaugurar un camino literario hasta entonces inexplorado (al menos en Europa), la sensación de ser testigo a través de la trama policíaca de la revolución cultural y de los cambios sociales que tienen lugar en la década de los sesenta en Europa.
En primer lugar y más importante de todo, las novelas de esta serie se devoran, se leen del tirón sin poder parar, y eso que los autores no escatiman los rasgos más crudos de su realidad y del contexto en el que se mueven los protagonistas. Se maneja el tiempo de los acontecimientos con gran habilidad, la investigación avanza, se paraliza, se reanuda, se acelera, se ralentiza, todo ello siguiendo el curso más lógico en que debe de consistir una investigación real. Y con ello, el lector se anima, se desespera, se asombra con las nuevas pistas que van surgiendo, se indigna o solidariza con los protagonistas, en suma, no puede dejar de leer hasta que conoce los resultados.
La serie de Martin Beck posee una modernidad envidiable (dicho esto en el mejor sentido posible), si no fuera por la falta de móviles y ordenadores, podría pensarse perfectamente que se trata de historias que se desarrollan en el presente. En ellas levantamos el velo de una sociedad que se halla en un aparente bienestar, cotidiano y civilizado, pero que empieza a dar muestras de decadencia (la primera masacre de Suecia en El policía que ríe). En España no podrían haberse escrito estas novelas por cuanto en aquel momento no existía ni siquiera ese presunto bienestar del que desengañarse.
En su último libro de la serie Montalbano, Ardores de agosto (pág. 110), Camilleri hace una mención a una estupenda novela de dos autores suecos que eran marido y mujer en la cual no hay una página en la que no se contenga un despiadado ataque a la socialdemocracia y al gobierno. Montalbano lo dedica mentalmente a todos aquellos que no se dignan a leer novelas policíacas por considerarlas un mero pasatiempo repleto de enigmas. Es cierto que se muestra la peor parte de su sociedad que sale a relucir con cada crimen, pero no advierto el sesgo político que ve Camilleri.
Las novelas de Martin Beck tienen un protagonismo coral, la brigada de homicidios de Estocolmo (salvo en El hombre que se esfumó). Aunque se dedica una mayor atención a dos o tres personajes y pudiera pensarse en Martin Beck como personaje principal en su condición de comisario, que ejerce de jefe de la brigada y dirige las investigaciones, puede decirse que el protagonismo es compartido, todos ellos contribuyen en pequeña o gran medida a esclarecer cada uno de los puntos de la trama. Entre ellos se estiman, se caen antipáticos, se desprecian profesionalmente, mal comen, mal duermen, ... en fin, como la vida misma.
Una curiosidad que me ha resultado divertida, los policías se desplazan en el curso de sus investigaciones en transporte público en la gran parte de las ocasiones, van a interrogar a un testigo en metro, conocen las distintas rutas de autobuses, o especulan con las mejores combinaciones de líneas para llegar a su destino. En El hombre del balcón una de las pistas es un billete de autobús, y El polícia que ríe el crimen se comete al final del trayecto de la línea 47 de autobúses.
Entre las de esta serie, El hombre del balcón es la primera que leí y la que más impresión y regusto que me causó, aunque todas ellas son magníficas. Se trata de encontrar al asesino de niñas pequeñas que abusa previamente de ellas en los parques de Estocolmo (cuántas veces la misma historia, pero que distinta es aquí). Detrás de cada víctima hay una historia familiar que los autores se complacen en desmenuzar para desenmascarar la falsa apariencia de bienestar. La brigada de homicidios sigue el hilo a todas las pistas de forma metódica y concienzuda, se va reconstruyendo un perfil del posible asesino, que sin embargo,no aparece por ninguna parte, mientras crece la posibilidad de nuevos crímenes y consiguientemente las presiones de arriba para esclarecer el caso.
Como en las grandes novelas policíacas, el final no defrauda. El autor puede decantarse por un desenlace espectacular o sencillo, pero tiene que resolver de manera brillante, que sea creíble pero no defraude, que sea original sin resultar cargante, una suerte en la que pocos se manejan, y aquí tampoco decepciona esta novela. Sus finales son verosímiles, hasta normales (dentro de lo normal que puede resultar un crimen), de un gris escandinavo, y precisamente por ello, muy buenos.
LO MEJOR: Su principal virtud consiste en manejar el tiempo de la acción hasta resultar absorbente, y ello en un contexto de mediocridad, desánimo, decadencia y falta de estímulos, a pesar de todo ello, a uno le dan ganas de hacerse policía (pero sólo en la brigada de homicidios de Estocolmo de los años sesenta).
LO PEOR: Hay cierto efectismo en la presentación o finalización de algunas situaciones, con frases cortas y contundentes, que causan más gracia (a su pesar) que impresión. No es algo especialmente negativo, pero quizá fuera un recurso novedoso entonces aunque hoy algo superado. Ejemplo (pág. 125): "Luego se fue a casa. Se tomó otro café y se acostó. Permaneció pensando en la oscuridad. En algo."
jueves, 19 de marzo de 2009
A cada cual lo suyo
Leonardo Sciascia(A ciascuno il suo)
Tusquets Editores, 2008
Calificación: 4/5
Conocía a Sciascia de otras obras, Todo modo y El caso de Aldo Moro. La primera, una de sus novelas más conocidas y valoradas, es una crítica social, descarnada, sin envoltorio que la haga digerible, demasiado evidente y previsible. La segunda es una interesante reconstrucción de unos de los capítulos más traumáticos de la historia reciente italiana, el secuestro y asesinato posterior del líder de la Democracia Cristiana a manos de las Brigadas Rojas.
En esta novela Leonardo Sciascia, A cada cual, lo suyo, parte de una historia escuchada hasta el hastío (un anómino que amenaza de muerte), planteada linealmente (sólo dos elipsis, al principio y al final, coincidiendo con los crímenes), situada en un lugar y un tiempo aparentemente anodinos (en un pueblo de Sicilia de los años sesenta). Con este esquema tradicional de novela negra y un tono costumbrista, en el que tan cómodos se encuentran los autores sicilianos, Sciascia realiza la más lúcida y feroz crítica social que yo recuerde, deslumbrante por su brillantez, heladora por sus conclusiones.
Este terreno especialmente pantanoso, el de la crítica social, tan dado a intelectualismos vacuos, moralismos cargantes y pretensiones estéticas a años luz de los resultados, está plenamente logrado en A cada cual, lo suyo, por un camino, sin embargo, insólito para ello, una novela criminal de pueblo, siciliano para más señas. Si la crítica social pretende levantar al lector de su asiento y movilizar las conciencias, el efecto de A cada cual, lo suyo es contraproducente, su análisis es tan certero y sus conclusiones tan demoledoras, que cualquier tentación de rebeldía queda automáticamente frustrada y machacada. A este respecto merece destacar el capítulo final, genial desenlace, terrible frase final con la que se cierra el libro.
El contrapunto lo da este humor siciliano tan característico, irónico, descreído, soterrado, hecho de sobreentendidos y complicidades culturales, que se reconoce también en Andrea Camilleri. Un humor que se recrea en la descripción de ambientes y personajes, calificable como costumbrista sin connotaciones peyorativas, que deja vislumbrar una profunda identificación de Sciascia con lo siciliano sin renunciar a la denuncia de los males endémicos sicilianos. Sciascia decía que odiaba Sicilia en la misma medida en que la amaba.
Como toda obra maestra que se precie de serlo, llamémosla ya así para acabar de decirlo de una vez, funciona en varios registros posibles, como novela negra, como novela costumbrista y como novela social, por supuesto. Lectura imprescindible. Ya empiezo a disfrutar por adelantado El día de la lechuza.
LO MEJOR: Lo definiría como el efecto tortilla española, es decir, cómo es posible que con tres ingredientes básicos, cual son patata, huevo y aceite, se pueda elaborar un plato con tantos matices y sabor tan penetrante.
LO PEOR: Tendré que leerlo nuevamente para encontrar algún inconveniente.
ENLACES DE INTERÉS:
domingo, 8 de febrero de 2009
El engaño de Selb
Bernhard Schlink(Selb Betrug)
Editorial Anagrama, 2004.
Calificación: 3/5
En esta ocasión Selb es contratado por un padre rico para que encuentre de forma discreta a su hija desaparecida. Selb busca a la chica y en sus pesquisas se ve envuelto en la investigación de un atentado contra un supuesto depósito de gases venenosos de una base americana, atentado realizado por herederos de la extinta banda terrorista de los Baader Meinhof, que en los años setenta tuvo en un puño a la sociedad alemana occidental. Selb tiene también que sortear las maniobras oficiales para encubrir la existencia de ese depósito ilegal, inconfesable por el peligro que supondría para la población civil, lo que le lleva a enfrentarse a la BKD, la Oficina Federal de Investigación Criminal.
Selb siempre toma partido, quizá movido por el arrepentimiento de su pasado, quizá porque al acercarse al final de su vida no tiene nada que perder, lo cierto es que no es testigo pasivo de la acción, participa activamente, cambia el rumbo de los acontecimientos y asume las consecuencias que habitualmente tienen sus decisiones. Pocos protagonistas asumen este papel heterodoxo de forma tan acusada. Un acierto, en mi opinión, una nota distintiva sin tener que recurrir a excéntricas aficiones a las que nos tienen acostumbrados tantos protagonistas.
La novela criminal te permite trasladarte a un país distinto, visitar ciudades, conducir por autopistas, recorrer calles y plazas, tomar atajos, introducirte en edificios, frecuentar bares y restaurantes, tratar con personajes de otra cultura, como si de un viaje virtual se tratara, con la ventaja de hacerlo con la familiaridad y espontaneidad del autor nativo. Esto le otorga un valor añadido que uno no disfrutaría aunque hiciera efectivamente ese viaje por su propia cuenta. Leer una novela criminal de otro país es tener un amigo en cada ciudad, que filtra y matiza para ti las recomendaciones oficiales de una guía de viajes. Edimburgo no sería lo mismo si no lo viéramos a través de los ojos de Rebus, o Atenas en la piel de Jaritos, o Sicilia en la de Montalbano.
En el caso de Selb, la acción de sitúa en la Alemania profunda de los años noventa, de ciudades industriales, de tranquilidad provinciana y alto nivel de vida, territorio próximo en la distancia pero absolutamente desconocido. Al contrario de Gran Bretaña, Francia o Italia, de las que tenemos un conocimiento bastante aproximado, creo que Alemania sigue siendo para nosotros un vecino ausente, apenas sabemos de ella a través de unos cuentos tópicos locales (de los que nos quejamos amargamente cuando nos toca a nosotros), el nazismo, el muro de Berlín, la locomotora económica de Europa, cerveza y salchichas de la Octoberfest de Munich, y... poco más.
La trama de la novela funciona con precisión, aunque se va enrevesando paulatinamente y da sucesivos giros, se sigue sin problemas y lo que es más importante, con interés, toca temas de actualidad, terrorismo, ecologismo, tiene personajes verosímiles, bien definidos, pero... no enganchan ni los personajes ni el protagonista ni el mundo que propone, una maquinaria perfecta pero absolutamente fría, distante, sin alma, ¿será que he caído en la trampa de los tópicos? ¿O es simplemente que El engaño de Selb cumple al mostrarnos un mundo pudiente, sofisticado, cotidiano, soso?
LO MEJOR: Selb toma partido, de forma activa y contundente, en favor de qué es lo de menos. La trama es el punto fuerte de la obra, todos los mecanismos encajan a su debido tiempo.
LO PEOR: Habrá que viajar a Mannheim para comprobar si todo es tan plano como parece, o ello se debe a la visión del autor.
domingo, 18 de enero de 2009
Juegos sagrados
Vikram Chandra(Sacred games)
Mondadori, 2007
Calificación: 5/5
Un ejemplo de esta segunda posibilidad es Juegos Sagrados.
Tiene la enorme ventaja de situarse en la India del siglo XX y XXI, lo que le otorga una baza narrativa ilimitada, si como es el caso, se sabe aprovechar. A lo largo de la obra nos asomamos al conflicto siempre presto a saltar entre India y Pakistán, desde las masacres históricas de la Partición hasta la actual amenaza nuclear; las tensiones constantes entre religiones, hindúes y musulmanes principalmente, pero sin olvidar a los sikhs, las diversas confesiones cristianas, judíos, parsis; las tensiones entre castas, desde los solemnes brahamanes o los inquietantes kshatriyas hasta las otras castas atrasadas (OBC, other backward castes), los grupos tribales y los dalits o intocables; las inabarcables lenguas indias, de las que Juegos Sagrados recoge multitud de expresiones y vocabulario, en hindi, urdu, marathi, panjabí, bengalí, tamil, telegu, jerga de Bombay, y como lengua común y sofisticada de la élite, el inglés; las luchas políticas entre el Partido del Congreso y los fundamentalistas hindúes, que todo lo contaminan y todo lo trastocan; el lujo y la estética filmi de las películas de Bollywood, y su desconocido trasfondo de miseria moral; y por supuesto, Bombay, las guerras entre bandas mafiosas, las clases acomodadas que pueden permitise juegos amorosos, los afanosos trabajadores enfrascados en la pelea diaria por dar un futuro con mayores posibilidades a sus hijos, las buras o asentamientos de chabolas en las que se refugia toda la población que llega a la ciudad sin nada material pero con las ilusiones de una vida mejor.
A pesar de moverse entre criminales, políticos corruptos, policías embrutecidos, gurús impostores y toda clase de fauna urbana, la historia está contada con un estilo depurado e hipnótico, que le proporciona por momentos un aire épico o doméstico, brutal o nostálgico. Utiliza la técnica del relato en paralelo, donde se seguimos a un policía sikh, Sartaj Singh, y a un jefe de una banda mafiosa india de ámbito internacional, Ganesh Gaitonde. Donde empieza el relato del primero, termina el del segundo, este último se rememora en forma de flashback. Esta técnica no es novedosa, pero aquí está tratada con notable acierto, de forma que las dos historias avanzan progresivamente y se van explicando mutuamente, las investigaciones del policía dan pistas narrativas sobre las andanzas criminales del mafioso, y viceversa.
Algunos capítulos son lo que el autor llama insertos, en realidad historias breves protagonizadas por algunos personajes secundarios en otro tiempo y lugar, que contribuyen a explicar la trama argumental principal que se desarrolla en tiempo presente. Habitualmente este tipo de digresiones son, en otras novelas, un auténtico coñazo, dicho mal y pronto, que nada aporta salvo distraer gratuitamente. En el caso de Juegos Sagrados, estos insertos son uno de los mayores aciertos y su lectura resulta especialmente apetecible.
Los personajes están bien definidos, con paciencia se va desgranando su personalidad, su pasado, sus objetivos (o no objetivos) vitales; no son buenos o malos, el honrado policía puede aceptar sobornos o hacer la vista gorda ante tejemanejes, y el mafioso puede tener grandes gestos, sin que por ello cambiemos la opinión que nos merecen unos y otros. Es simplemente cuestión de supervivencia y de no volverse loco nadando contracorriente.
En resumen, una novela total. Aparentemente todo apunta a una novela negra, ya que cuenta historias de crímenes de Bombay, pero es mucho más que eso, es una novela social, una novela histórica, una novela política, una novela realista, una novela de sagas familiares. Recuerda las obras monumentales del siglo XIX, como Guerra y Paz o Los Miserables, tiene ese mismo afán por contarlo todo y desde todos los puntos de vista,... y lo consigue. Cuando se termina su lectura, uno tiene la imposible sensación de entender porque India, y por extensión el mundo, es como es.
LO MEJOR: De entre las muchas virtudes de la obra, destacaría los insertos, pequeñas joyas que en pocas páginas cuentas toda una vida y te dejan sin respiración, especialmente las que enlazan con la historia de la Partición entre India y Pakistán.
ENLACES DE INTERÉS:
- Web del autor Vikram Chandra.
jueves, 1 de enero de 2009
Gomorra
Roberto SavianoDeBolsillo 2007
Calificación: 4/5
A menudo los libros o películas sobre conocidas organizaciones criminales adoptan, conscientemente o no, la perspectiva de las propias bandas, están contadas desde dentro, y mayoritariamente, desde arriba, narran las luchas entre los distintos familias, la sucesión de jefes al frente de cada clan, sus conexiones políticas e internacionales,… Seguramente ello se deba en gran medida a la necesidad de meterse en la piel de estos personajes para llegar a comprender su particular lógica, la razón de sus acciones, con frecuencia inescrutable si no se conoce mínimamente sus mecanismos internos.
Sin embargo, esta necesidad de escoger el punto de vista de las propias bandas se convierte, bajo la seducción inconfesable del poder y de la violencia, en un protagonismo cuasimítico y glamoroso, cuando no en una defensa o justificación encubierta. Una maravillosa película como El Padrino es un claro ejemplo de ello; sus elegantes secuencias, la música de Nino Rota, la historia familiar que cuenta (equiparables a otras sagas cinematográficas), todo contribuye a santificar y mitificar estos personajes.
La Camorra napolitana, conocida entre los suyos como el Sistema, ha sido mucho menos tratada por la literatura o el cine que otras organizaciones criminales, como la mafia siciliana o la jakuza japonesa y es menos conocida por la opinión pública, aunque ha causado más víctimas que ninguna otra. La Camorra no actúa como una única organización estructurada y jerarquizada, sino que es una confederación horizontal de bandas que opera, unas veces de forma coordinada, otras en guerra abierta.
El Sistema no es sólo una organización criminal, es una cultura impregnada en la piel, fruto de años de miseria, analfabetismo, ignorancia, violencia y desatención de los poderes públicos, se mama desde la cuna y se crece con ella pegada a cualquier ámbito de la vida particular, quien da un paso en falso, aunque sea involuntario, lo paga con su vida y con la de su familia. No hay lugar al glamour, al mito, a los códigos centenarios de honor, sólo existe un brutal salvajismo, un virus que se expande y pudre todo lo que toca.
Gomorra es un puñetazo al estómago que deja momentáneamente sin respiración,… con ustedes el mismísimo infierno, un infierno peor que cualquiera imaginado porque es real, se nos aparece aquí y ahora, en una de los principales países europeos y en el siglo XXI. Gomorra nos cuenta la vida de estas organizaciones desde fuera y desde abajo, escrita en primera persona desde la perspectiva de quien no es miembro del Sistema pero vive a su alrededor, de los que ven condicionada su existencia completa por las reglas que le son impuestas, de las víctimas de un poder que todo lo alcanza y que no es posible ignorar, que te envuelve y que te asfixia.
Gran parte de los hechos que cuenta Gomorra son testimonios vividos personalmente por Saviano, lo que no deja margen a la interpretación o la leyenda. Se han comentado muchas de las historias que contiene Gomorra. Hay una de ellas poco comentada que me ha parecido especialmente monstruosa.
Los distribuidores de droga adulteran el producto con todo tipo de otras sustancias para obtener el máximo beneficio económico. Se trata de añadir el menor porcentaje de droga a la mezcla, de forma que el corte parezco bueno y sobre todo no cause víctimas mortales. No por cuestiones humanitarias, sino por simple lucro económico: si se corre el rumor entre los adictos, el producto no se vendería. Para evitar este riesgo, ofrecen gratuitamente la droga a yonquis que encuentran en la calle, y esperan a ver los resultados… si el corte es malo, el yonqui muere o queda malparado, y no deben poner la sustancia en circulación. Por supuesto, los traficantes no se ocupan del yonqui envenenado, al que dejan agonizando tirado en algún tugurio. Lo más terrible es que los propios yonquis intuyen que están siendo cobayas humanas, pero su desesperación les empuja a aceptar cualquier prueba gratuita. Un experimento pseudocientífico al puro estilo nazi.
Contrariamente a lo que se pueda creer, los golpes policiales al Sistema son constantes y considerables, los capos caen continuamente, pero tiene una capacidad de regeneración asombrosa, el lugar de una banda caída es ocupado al momento por varias incipientes. De ahí que la meta parezca eterna e inútil para quienes tratan de luchar contra el Sistema o simplemente no verse arrastrado por su miseria. Lo resume Saviano de esta forma
"Te deshojan lentamente. Una hoja cada día, hasta que te encuentras desnudo y solo, creyendo que estás luchando contra algo que no existe, que es un delirio de tu cerebro. Empiezas a creer en las calumnias que te señalan como un insatisfecho que la toma con los que han triunfado, a quienes, por su frustración, llama camorristas."
A pesar de todo, Saviano acaba su libro con un grito de rebeldía: "¡Malditos bastardos, todavía estoy vivo!"
LO MEJOR: Sólida, bien documentada, comprometida, real, radicalmente distinta a las ficciones sobre mafias
LO PEOR: A pesar de su solidez documental de la partitura, cuando sale del medio familiar a Saviano se le dispara la sintonía, lo que no desmerece en absoluto el conjunto. Como cuando dice que el despegue de las infraestructuras de la Costa del Sol se debe a las inversiones de la Camorra napolitana. El fenómeno de lo que allí ocurre es bastante más complejo de explicar, en todo caso no se debe ni exclusiva ni principalmente a las inversiones de los clanes napolitanos.
ENLACES DE INTERÉS:
- Película "Gomorra", de Matteo Garrone (2008).
- Web personal de Roberto Saviano. En esta página se recoge un extenso e interesante archivo de prensa, destaco el artículo de Mario Vargas Llosa "Gomorra y Nápoles".
- El fenómeno Gomorra llega al cine.- EL PAIS (12/05/2008).
- Entrevistas con Roberto Saviano.- EL PAIS (12/11/2006), EL PAIS (8/11/2006) y EL MUNDO (14/11/2008).
- El escritor Roberto Saviano huirá de Italia por las amenazas de muerte de la Camorra.- ABC (16/10/2008).
- "Esta vida es un infierno pero estar triste es estar vivo".- ABC (8/11/2008).
- Mucha suerte, Roberto Saviano.- LA VANGUARDIA (19/10/2008).
- Roberto Saviano ya no está solo.- PÚBLICO (25/10/2008).
domingo, 21 de diciembre de 2008
Vosotros no sabéis
Andrea Camilleri
(Voi non sapete)
Ediciones Salamandra, 2008
Calificación: 4/5
Pizzini es el nombre en dialecto siciliano para las notas escritas en clave en pequeños trozos de papel, en los cuales los miembros de la mafia siciliana se intercambian todo tipo de mensajes, sobre sus actividades delictivas, sobre su vida personal, sobre otras personas. A partir de estos pizzini, Andrea Camilleri reconstruye a modo de diccionario los años de gobierno de Bernardo Provenzano al frente de la Onorata Societá.
Leyendo Vosotros no sabéis de Andrea Camilleri, se puede tener la falsa impresión de que Bernardo Provenzano no es el último gran capo de esa maquinaria criminal que es la mafia siciliana, infiltrada hasta la podredumbre en cada resorte de poder, incluidas y especialmente las instituciones públicas, sino un hombre de honor y gestor de negocios que busca equilibrios de poder entre los diferentes intereses, que cree en las soluciones pacíficas y conciliadoras y sólo recurre a la violencia en casos de fuerza mayor, guardián fiel de un cultura centenaria presidida por principios trasnochados o políticamente incorrectos que no tienen acomodo en el sociedad moderna italiana, hipócrita y presuntamente democrática, principios que sólo comprenden aquéllos que han lo han recibido en herencia por vía directa de su sangre siciliana.
Bernardo Provenzano comenzó su carrera criminal en los años 50. Junto con Salvatore Totó Riina y Calogero Bagarella, llegó a convertirse en lugarteniente del capo más importante, Luciano Ligio. Conocido como asesino implacable que en opinión de Riina, tiraba como Dios, en 1963 pasa a la clandestinidad tras participar en el asesinato de Navarra, capo de una familia rival.
La policía detiene a Ligio en 1974, y Totó Riina se hace cargo de la familia de los Corleonesi, llamada así por proceder de la localidad de Corleone, en la provincia de Palermo. Riina inicia una guerra salvaje sin precedentes frente a las otras familias mafiosas y especialmente contra los clanes tradicionalmente más poderosos de la capital Palermo. Los medios y la crueldad empleados son inéditos incluso dentro de las habituales guerras entre mafiosos. Cuando finalmente Riina alcanza la supremacía entre las familias mafiosas siciliana, las cifras de muertos se multiplican, ejerce su poder como una autoritaria dictadura militar, sin permitir rivalidades ni admitir desviaciones de las órdenes impartidas. El estilo de Riina pasa por dejar muestras patentes y publicas de su poder indiscutible frente a todos, incluido el Estado italiano.
Durante los años 80, Totó Riina declara una guerra abierta a los poderes públicos que está a punto de ganar. Por primera vez en su historia, la mafia emplea tácticas terroristas propias de los grupos de índole política. Se asesina al general Dalla Chiesa, jefe emblemático de la lucha antimafia en Sicilia, a los jueces Falcone y Borsellino, que inician el macroproceso que acabará con la condena de centenares de mafiosos, y a infinidad de otros policías, fiscales, jueces o simples ciudadanos, todo aquel que opone la menor resistencia a su reinado. Durante este período de guerra abierta y pública contra el Estado, Provenzano se desmarca de la táctica de Riina e incluso saca a su familia de Sicilia para no verse arrastrado por esta situación.
Cuando Riina es detenido en enero de 1993 y tras un breve interregno, Provenzano asume la jefatura de la mafia. Su táctica consiste en la inmersión, en hacer olvidar a todos, policía y opinión pública, la existencia o importancia de la mafia, que permita la reorganización de los negocios y afloje el cerco policial. Los conflictos han de solucionarse sin derramamiento de sangre, a la usanza de la vieja mafia, mediante la mediación y el arreglo pacífico, sólo recurriendo a la violencia cuando se hayan agotado los otros medios.
Mediante los pizzini, conocemos cómo Provenzano se reviste de un halo de religiosidad, como si el desempeño del liderazgo fuera una pasada carga impuesta por designación divina para evitar caer en los excesos pasados. Su existencia va haciéndose progresivamente más difícil conforme el acecho policial se intensifica. Tiene que cambiar frecuentemente de casa, su contacto con el exterior se restringe para asegurarse de que no es vigilado por la policía.
Durante gran parte de los 43 años en que estuvo desaparecido, Provenzano llevó una vida casi normal, vestía trajes de calidad, hacía buenas comidas en restaurantes caros, conducía coches potentes. En los últimos años previos a su detención se vio obligado a pasar permanentemente recluido en distintas casas de personas afines, llevando una vida espartana, se hacía su comida, se lavaba su ropa. Pero incluso en estos momentos, se las ingenió para burlar el cerco policial, como en 2005 cuando acudió a una clínica de Marsella para operarse de la próstata bajo la falsa identidad de un jubilado siciliano y pasó posteriormente los gastos de la operación a la Región de Sicilia para que le fueran reembolsados.
Su detención no es consecuencia de una traición, sino fruto de un paciente trabajo policial que se ha servido de los procedimientos clásicos. Los pizzini son la conexión de Provenzano con el mundo exterior, le permiten seguir al frente de la organización, pero también son su perdición. Gracias a las escuchas telefónicas y al seguimiento de las personas que hacen de correo de los pizzini, se da con el paradero de una casa de campo en Montagna dei Cavalli, donde es detenido Bernardo Provenzano el día 11 de abril de 2006. Cuando es detenido, interpela a los agentes de policía, Vosotros no sabéis lo que estáis haciendo.
Por primera vez un libro de Camilleri aborda como tema central la mafia siciliana. En los libros protagonizados por el comisario Montalbano la mafia tiene escasa presencia, restringida a muy determinados personajes en unas pocas novelas. En sus otros libros, los históricos, se intensifica progresivamente esta presencia mafiosa, aunque sigue limitada a la presencia de algunos personajes. En unas y otras, estos personajes mafiosos no son sino otro ingrediente más de esas historias, y no el principal. No se menciona la palabra mafia (al menos que uno recuerde). En alguna entrevista leída, Camilleri afirma querer evitar la identificación automática entre Sicilia y mafia, y lo consigue efectivamente. Sin ignorar este fenómeno, que determina gran parte de las cosas que suceden en Sicilia, Camilleri nos enseña otra realidad de su tierra. Su contribución a la lucha contra este fenómeno no podía hacerse esperar. Los derechos de autor del libro serán cedidos íntegramente a la Fondazione Andrea Camilleri e Funzionari di Polizia para los hijos de las víctimas caídas en acto de servicio.
LO MEJOR: Libro interesantes para acercarse a la lógica mafiosa y a la figura de Bernardo Provenzano, con el personal estilo de Camilleri. El formato de diccionario en que está estructurado el libro, si no original, sí resulta sumamente efectivo para resaltar los aspectos y elementos que interesan a Camilleri.
LO PEOR: Aventurar explicaciones a determinadas situaciones de una organización tan intrincada e incomprensible como la mafia, puede resultar, aun en el caso de un sabio como Camilleri, un ejercicio de ingenuidad que seguramente haya hecho esbozar alguna sonrisa de condescendencia al raro mafioso ilustrado que haya podido leer el libro.
ENLACES DE INTERÉS:
viernes, 12 de diciembre de 2008
Aguas turbulentas
Ian Rankin
(The falls)
RBA Bolsillo, 2007
Calificación: 4/5
Edimburgo es una ciudad perfecta como escenario para una serie de novela criminal. Tiene un tamaño medio, se puede recorrer a pie su centro histórico y muchos de sus barrios, conserva una arquitectura de mansiones georgianas e iglesias neogóticas, callejones medievales, y está cargada de relatos de fantasmas y asesinatos históricos. Y es la ciudad del inspector John Rebus, de la policía de Lothian y Borders, todo un personaje creado a mediados de los noventa por el escritor escocés Ian Rankin.
Todas las peripecias de Rebus y de los demás personajes pueden seguirse fielmente con plano en la mano: los bares que frecuenta, sobre todo el Royal Oak y el Oxford Bar, la comisaría de Saint Leonard Street, el parque de los Meadows, su casa en Arden Street, puentes, restaurantes, calles, edificios, existen incluso visitas guiadas para los más aficionados. Si los lugares son en gran parte los ojos con que los vemos, Rankin ha conseguido trasladarnos la mirada sobre su ciudad, todo lector incondicional de Rebus tiene en ese Edimburgo un microcosmos acogedor, estimulante, entrañable, misterioso. Lo dice uno que ha pasado unos días en Edimburgo y ha percibido esas sensaciones. Lugares como Princess Street o North Bridge no serían lo mismo si no supiéramos que los ha cruzado Rebus de camino a la comisaría de Saint Leonard.
En Aguas turbulentas, el inspector Rebus se enfrenta la desaparición de Philippa Balbour, hija de un importante banquero local, con conexiones en las altas esferas que apremian la resolución del caso. La agente Siobhan Clark, compañera espiritual y laboral de Rebus, investiga el juego de rol en el que estuvo participando la desaparecida, mediante las claves que le proponía a través del correo electrónico un misterioso Programador. El caso se complica cuando aparece un pequeño ataúd hecho a escala con una muñeca en su interior, en las proximidades de la mansión campestre de la familia de la desaparecida.
Como en otras novelas de Rebus, Rankin introduce en Aguas turbulentas algunos relatos históricos de Edimburgo, en esta ocasión la historia de Burke y Hare, asesinos del siglo XIX que estrangulaban a sus víctimas para vender sus cadáveres a la facultad de medicina que los utilizaba en sus investigaciones del cuerpo humano, y la de los ataúdes en miniatura que aparecieron unos años después de la captura de los famosos asesinos en la cima de Arthur´s Seat, el volcán inactivo que preside la ciudad. La conexión entre estos históricos sucesos y el relato actual del inspector Rebus está bien hilada, y contribuye a aumentar la curiosidad por conocer el final.
Al igual que gran parte de los protagonistas de las series criminales actuales, el inspector Rebus es un antihéroe moderno cuya principal virtud consiste despreciar las conveniencias políticas internas del departamento de policía y centrarse en hacer bien su trabajo, con discreción y sin necesidad de reconocimiento público, un quehacer profesional que puede llevarle con frecuencia a la obsesión, una especie de necesidad vital. Es éste un denominador común de protagonistas como Montalbano, Jaritos o Wallander. En el caso de Rebus esta rebeldía va más allá, hasta el punto de llegar ser suspendido de empleo en muchos de sus casos. Y ello le ha impedido promocionar más allá de inspector, a pesar de contar con numerosos éxitos en su carrera, cercana ya a la jubilación.
Por lo demás, Rebus lleva una vida absolutamente gris, su mujer le abandonó, su hija se fue a vivir a Inglaterra y apenas tiene contacto con ella, y no tiene más vida social que la que comparte con viejos compañeros que van jubilándose o falleciendo y con la agente Siobhan Clark, una incipiente aprendiz de Rebus. El perfil políticamente incorrecto del inspector Rebus se completa con su afición a la bebida, que roza el alcoholismo.
Un buen indicativo de los tiempos que corren se encuentra en que los héroes modernos sean simplemente buenos y honrados profesionales, capaces de enfrentarse a todo por mantener sus principios de profesionalidad y honradez, asumiendo las consecuencias que ello pueda traerles (y que ineludiblemente les trae). Y la búsqueda compulsiva del criminal, una causa casi existencial por la que implicarse personalmente. Es curioso que quienes menos creen en los mecanismos de esta sociedad moderna sean los que con más empeño se dedican a protegerla, parecería que envían un mensaje a los criminales, yo tampoco creo en este mundo pero no me dedico a matar a nadie, me refugio en mi cinismo y los pequeños placeres de la vida, que en el caso de Rebus son el whisky, los bares y los discos de bandas o solistas británicos.
Ahora que se anuncia del final de la serie Rebus con la publicación de la última novela (hasta el momento) La música del adiós, es un buen momento para rescatar algunas novelas no leídas de este personaje, y degustarlas con la fruición del que apura los últimos tragos de un scotch con solera. Para quienes seguimos y estimamos sus andazas, no se concibe un Rebus jubilado, eso sería peor que matarlo.
LO MEJOR: La trama propuesta está hábilmente construida por varios pistas, algunas de ellos históricas, que componen un mecanismo que funciona con precisión y mantiene al lector pegado a sus líneas buscando desentrañar la historia, coronado con un gran cierre, algo especialmente difícil cuando se trata de un buen comienzo.
LO PEOR: Quizás su excesiva extensión (los casos de este protagonista no suelen bajar de quinientas páginas), si bien nos permite disfrutar un poco más del mundo Rebus, pero ralentiza en exceso el desarrollo de la historia. Pero ya digo, un mal menor.
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domingo, 23 de noviembre de 2008
El accionista mayoritario
Petros MárkarisTusquets Editores.
Colección Andanzas, 2008
Calificación: 5/5
El comisario Jaritos es el protagonista de uno de los universos policíacos mejor planteados y más interesantes del género actual de detectives. Kostas Jaritos es jefe del departamento de homicidios de Ática, la región griega donde se encuentra Atenas. Tiene una relación de mutua desconfianza con su jefe, Guikas, del que se lleva frecuentes reprimendas por actuar por su cuenta sin consultarle previamente las posibles consecuencias políticas de sus investigaciones. Trabaja con dos colaboradores, Dermitzakis y Vlasópulos, de los que apenas sabemos más que cumplen fielmente sus órdenes. Le tocó vivir el tiempo de la dictadura de los coroneles, obligándole a presenciar detenciones arbitrarias y torturas, a las que intentó ser ajeno. En una de estas situaciones conoció a Zisis, militante comunista que le ayuda y aconseja en su trabajo.
Vive con su mujer, Adrianí, ama de casa exclusivamente dedicada a cocinar y a ver la televisión, con la que mantiene constantes disputas domésticas. Su hija Katerina es una estudiante universitaria que vive en Salónica, a la que continuamente echa de menos y en la que el matrimonio ha puesto todas sus ilusiones vitales. Conduce un Mirafiori que amenaza con dejarle tirado en cualquier momento y que es objeto de sorna generalizada. Como única afición tiene la del consultar el diccionario Dimitrakos (que da título a este blog), que le permite elucubrar sobre las distintas acepciones de las palabras que consulta.
Jaritos es un griego medio de su generación, descolocado por la rápida evolución de la sociedad y de la propia policía. Sin esperanza de comprender el mundo que le rodea, se contenta con cumplir bien con su trabajo, al que es completamente adicto. Esta meta es cuestión de dogma para él, no renuncia a ella a pesar de las dificultades que se le presentan para encontrar al culpable, incluso si ello supone enfrentarse a sus superiores, asumiendo las posibles repercusiones profesionales que puedan suponer para él.
La primera impresión al aproximarse al mundo de Jaritos es que resulta demasiado duro y real para resultar atractivo, pero cuando uno se adentra un poco más en él, se engancha definitivamente.
En esta ocasión, Jaritos tiene que hacer frente a una crisis familiar cuando el crucero en el que viaja su hija es secuestrado por unos terroristas. Para intentar alejarle de la resolución de esta situación, se le encarga el asesinato de un modelo publicitario, aparentemente otro caso sin más repercusiones. La situación se complica cuando se van sucediendo las víctimas relacionadas con el mundo publicitario y hace su aparición en escena el asesino del accionista mayoritario, que pretende erradicar la publicidad de los medios de comunicación, lo que supondría pérdidas millonarias, cierre de empresas, despidos masivos, en resumen, una crisis nacional. Los empresarios presionan a los políticos y éstos al comisario Jaritos, que no tiene hilos de los que ir tirando en la investigación, más allá de una Luger, pistola alemana de la Segunda Guerra Mundial con la que se cometen los asesinatos. Este dato nos remite a los batallones de seguridad, colaboracionistas de los nazis, y a la guerra civil griega, que tuvo lugar recién acabada la contienda mundial y que enfrentó al gobierno monárquico instaurado por los británicos, con los guerrilleros comunistas del ELAS.
Cada historia de Jaritos tiene tirón argumental, recae sobre temas actuales (la publicidad, la inmigración, los intereses políticos, y contiene multitud de referencias familiares, culturales, sociales, históricas, que van surgiendo de forma espontánea a lo largo del desarrollo de las investigaciones. Además, Márkaris utiliza un personal estilo en presente y primera persona, que le permite ahondar en la personalidad del protagonista en su interacción los demás personajes. Gracias a ellos conocemos los distintos comportamientos del comisario con su familia, sus jefes, sus subordinados, con los sospechosos de los casos, etc.
Se ha hablado de una novela policíaca europea, y dentro de ésta, se distingue entre una novela policíaca mediterránea, representada por nombres como Márkaris, Camilleri, incluso Gür, sin olvidar a los autores españoles, y una novela policíaca del Norte de Europa, en la que figuran autores como Mankell, Rankin, Ani, Schlink, etc. A mi juicio la diferencia entre estos autores consiste principalmente en las diferencias existentes en las propias sociedades que retratan. Sin pretender establecer jerarquías imposibles entre ambas, como ya se habrá podido adivinar por el título de este blog, el que suscribe siente predilección por los primeros autores.
LO MEJOR: Como en las mejores recetas, todos los ingredientes están sabiamente añadidos y mezclados, en su justa medida, para que resulten a la vez verosímiles e interesantes. El accionista mayoritario es la esencia de la mejor y más actual novela policíaca. El estilo en presente y una buena ponderada primera persona le dan un punto de vista original a la historia, sin caer en un exceso de protagonismo del personaje principal.
LO PEOR: Recientemente se ha vuelto a publicar Defensa cerrada en una edición más cuidada de Anagrama, pero se dejen engañar los profanos en Jaritos, no es nueva, la última publicada en castellano es El accionista mayoritario. Habrá que esperar un tiempo para leer una nueva novela del comisario Jaritos...
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domingo, 26 de octubre de 2008
La interpretación del asesinato
Jed Rubenfeld(The interpretation of murder)
Panorama de narrativa
Editorial Anagrama, 2007
Calificación: 2/5
El mismo día que llegan estos ilustres visitantes a la ciudad se encuentra en los lujosos apartamentos Balmoral el cadáver de una joven que ha sido estrangulada con una corbata de seda y con señales de haber sido azotada. Al día siguiente una rica heredera, Nora Acton, es atacada en su residencia y logra sobrevivir cuando estaba siendo estrangulada con el mismo método. Pero la joven ha perdido la voz y la memoria, por lo que se encarga al doctor Stratham Younger, discípulo de Freud, que psicoanalice a la víctima para averiguar qué sucedió.
Los ingredientes de esta novela (olvídense los que buscan una novela negra propiamente dicha) resultantes a priori sumamente atractivos. Integrar en una historia de misterio la temática de psicoanálisis y la presencia de personajes y hechos históricos constituyen un interesante aliciente. El género de detectives, y más concretamente la novela negra, está vinculado estrechamente a la psicología conductista, que explica el comportamiento humano como resultado de la interacción del individuo con el medio social, físico y biológico.
En cambio, el psicoanálisis no es un elemento recurrente en este tipo de relatos, a pesar de que brinda recursos potencialmente muy aprovechables para una historia de estas características: al igual que el detective intenta averiguar las razones últimas de un crimen, quién, cómo, cuándo, dónde, y sobre todo, el por qué del crimen, el psicoanalista pretende introducirse en la mente humana para desentrañar los motivos originales de nuestra personalidad (dicho todo esto desde mi ignorancia de profano en la materia). Este paralelismo entre investigación criminal y psicoanalítica puede resultar una guión insólito para un género en el que es muy difícil resultar original.
En este camino La interpretación del asesinato amaga pero no ahonda, el juego psicoanalítico que propone inicialmente, se abandona pronto y se limita a formar parte del marco temático e histórico. Aunque la temática suponga un hallazgo original, se queda en un simple decorado. En cuanto a la historia en sí misma, en mi opinión se recurre a demasiados giros en la trama y en los personajes; lo que gana en suspense y sorpresa, lo pierde en credibilidad y verosimilitud.; lo que empieza siendo una propuesta estimulante y original acaba en un relato... digamos, entretenido en el mejor de los casos.
LO PEOR: El progresivo enrevesamiento de la trama supone un recurso fácil y artificial para elevar el suspense, y hace que al finalizar su lectura ésta sea otra historia más.
sábado, 4 de octubre de 2008
Out
Natsuo KirinoEditorial Emecé, 2008
Calificación: 3/5
En Japón los trenes llegan con una puntualidad rigurosa, las calles están pulcras sin necesidad de papeleras ni barrenderos, se cruza por los pasos de cebra. Cada japonés sabe el papel que tiene que desempeñar para que la sociedad funcione como un reloj de precisión. Y espera que también su vecino desempeñe el papel que le corresponde.
Quien haya estado en Tokyo habrá comprobado que es una ciudad mucho más ordenada que otras grandes, a pesar de cuadruplicar con creces su población con respecto a Madrid y ocupar una extensión menor. Japón muestra una realidad impermeable de organización, eficiencia y progreso, ideas que se asocian automáticamente a este país.
A vueltas con Japón y lo japonés, Out nos enseña la otra cara de este país, no la cara del vicio, como en Sopa de miso, que también forma parte de lo aceptado socialmente aunque no reconocido, sino la cara de aquellos no desempeñan el papel que les toca y son rechazados por la sociedad japonesa.
El eje central de esta novela lo componen cuatro mujeres, cuatro arquetipos rechazados, cada una por motivos diferentes, que confluyen en una vía muerta y sin esperanza, un trabajo nocturno de envasadoras en una cadena de producción de una fábrica. El único elemento en común que las une, también las define; el trabajo nocturno es su refugio ante el rechazo social y familiar.
Una de estas mujeres, harta de los abusos y maltratos de su marido, lo mata en un arranque de rebeldía. Sus compañeras de trabajo la ayudan a deshacerse del cuerpo. La policía culpa al dueño de un club nocturno con el que el fallecido discutió la noche antes de su muerte. A partir de aquí la trama se va enredando y desenredando en sucesivos ovillos, y ganando progresivamente intensidad hasta el clímax final. Estos ovillos están bien hilados, uno nos lleva al otro de forma espontánea.
En Out el protagonista no persigue al criminal, las protagonistas huyen de todo, de su familia, de la empresa, de la policía, del loco asesino. Como en El talento de Mr. Ripley, nos hacemos cómplices del criminal y deseamos que no sea descubierto, que supere todas las pruebas y consiga alcanzar la vida que desea. Y en esa clave, la historia acierta plenamente.
Buena descripción de la situación, el entorno, las circunstancias, la historia de estas mujeres y de los personajes que se mueven alrededor de ellas. Sin embargo, estos personajes, y en especial las cuatro protagonistas, se acercan a arquetipos rígidos, desempeñan el papel que les ha tocado hasta el final. La novela negra se caracteriza por tener unos personajes muchas veces ambiguos, dudan, se arrepienten, son imprevisibles. Poco de ello sucede en esta historia japonesa.
De nuevo escabechinas sangrientas, estallidos súbitos de violencia y locos asesinos. Ignoro si es una seña de identidad de la novela negra japonesa, lo cierto es que tanto Sopa de Miso como Out tienen estos elementos en común. Los descuartizamientos de cadáveres son descritos con cierta naturalidad; supongo que una muerte por envenenamiento en una novela negra japonesa sería considerado como algo extremadamente insulso, un caso indigno de ser investigado.
En suma, una buena novela, entretenida e interesante, pero de momento voy a descansar de vísceras, gore y sádicos asesinos, salvo que alguien conozca una novela japonesa de este género que plantee otros recursos.
LO MEJOR Y LO PEOR: Sin ánimo de sentar dogma, una novela negra puede valorarse principalmente por el marco donde sitúa la acción, los personajes, la trama o tramas, y el desenlace. Podría añadírsele un elemento más, uno general que los une: el consciente o inconsciente que lo mueve todo, el motivo subyacente (no me gusta hablar de mensaje o moraleja).
Si tal fuera el caso, Out obtiene un notable en el marco, un aprobado en los personajes (bien planteados pero un tanto arquetípicos) un notable en las tramas y un suspenso en el desenlace (¿cuántas historias se malogran por un pobre final?). Sencillamente no me creo el final, el sadomasoquismo seguirá siendo un misterio para mí.
OTROS LIBROS DE LA AUTORA: Que yo sepa, no se han publicado más libros de esta autora en castellano. En inglés se han editado Grotesque (2007), What Remains (2008) y Real World (2008).
martes, 9 de septiembre de 2008
Sopa de miso
Ryu Murakami(In the miso soup)
Seix Barral, 2005
Calificación: 3/5
La novela nos lleva al distrito de Kabuki-cho, un barrio de Tokio donde se concentran locales de sexo, entre los que hay muchos tipos diferentes, según los gustos e intensidades. Kenji es un joven de veinte años que trabaja de guía para extranjeros por estos locales de sexo. En los días previos a Nochevieja, Kenji es contratado por Frank, un americano de paso en viaje de negocios en Tokio, para le guíe durante tres noches. En la primera de esas noches, Kenji comienza a recelar del comportamiento de Frank, que incurre en repetidas contradicciones, lo que le llevará a sospechar si se trata del salvaje asesino que está descuartizando personas en la ciudad.
Como en muchas obras japonesas, ya sean libros o películas, el relato transcurre en un tono fluido y equilibrado hasta que se produce una explosión súbita de violencia, sin previa preparación. Por supuesto que no quiero destripar el final, aunque lo importante de la historia no es saber quién, ni el por qué, sino los distintos personajes que transitan por la historia, y los sórdidos ambientes que describe el libro.
Se podría hacer una lectura en clave sociológica-histórica del relato, según el cual, Kenji-Japón se habría lanzado tras una modernidad desenfrenada, olvidando sus orígenes y el lugar que históricamente le correspondería y viéndose obligado a seguir a su pesar el perverso camino de Frank-USA impone. Se podría hacer esta lectura, pero al que suscribe no se atrevería a llegar tan lejos.
Los personajes, ya sean principales o secundarios, nos transmiten una fuerte sensación de hastío y aburrimiento, que contrasta con dedicarse precisamente al sexo, y una desorientación sobre qué otra opción posible existe en sus vidas. Todo en la mejor tradición de novela negra, la música gusta pero la letra se queda en poca cosa. Cuando terminas una buena novela negra o de detectives, la conclusión suele ser, qué negro es el mundo y qué mezquinos somos los seres humanos; en este caso, la conclusión sería: no vayas a los barrios rojos que hay mucho loco suelto y pueden cortarte el cuello, o si te dedicas al sexo, disfrútalo.
Parece ser que Win Wenders estaba en tratos para hacer una película de este relato, lo cierto es que todo en él va muy bien con el estilo de este director. Ya veremos.
LO MEJOR: ¿Todo en el Japón actual es modelo de eficacia y bienestar? El relato muestra el lado sórdido de un Tokio ultramoderno donde ese modelo no alcanza. La curiosidad por el ambiente y los personajes propuestos justifican su lectura, aunque no sea un libro que quedará para el recuerdo. Los apuntes del autor con ocasión de personajes, lugares, comportamientos y situaciones contribuyen a transmitir esas sensaciones de hastío y desorientación.
LO PEOR: La trama del relato es muy simple, se agota rápidamente, el único interés que queda es ver de qué monstruosidades es nuevamente capaz el asesino. Probablemente el autor no haya querido desarrollar más la trama precisamente para acentuar esos personajes, los lugares y sus consiguientes conclusiones, pero dejar en ello todo el peso del relato es una apuesta demasiado arriesgada, teniendo en cuenta que los personajes están bien descritos y explicados, pero no evolucionan.
OTROS LIBROS DEL AUTOR:
Azul casi transparente, Editorial Anagrama.
