domingo, 21 de diciembre de 2008

Panorama de literatura negra

He rescatado del archivo de prensa dos artículos que me han parecido interesantes, uno publicado recientemente y otro de hace meses, en los que se repasa el panorama de detectives de la literatura negra.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Aguas turbulentas


Ian Rankin

(The falls)

RBA Bolsillo, 2007

Calificación: 4/5


Edimburgo es una ciudad perfecta como escenario para una serie de novela criminal. Tiene un tamaño medio, se puede recorrer a pie su centro histórico y muchos de sus barrios, conserva una arquitectura de mansiones georgianas e iglesias neogóticas, callejones medievales, y está cargada de relatos de fantasmas y asesinatos históricos. Y es la ciudad del inspector John Rebus, de la policía de Lothian y Borders, todo un personaje creado a mediados de los noventa por el escritor escocés Ian Rankin.


Todas las peripecias de Rebus y de los demás personajes pueden seguirse fielmente con plano en la mano: los bares que frecuenta, sobre todo el Royal Oak y el Oxford Bar, la comisaría de Saint Leonard Street, el parque de los Meadows, su casa en Arden Street, puentes, restaurantes, calles, edificios, existen incluso visitas guiadas para los más aficionados. Si los lugares son en gran parte los ojos con que los vemos, Rankin ha conseguido trasladarnos la mirada sobre su ciudad, todo lector incondicional de Rebus tiene en ese Edimburgo un microcosmos acogedor, estimulante, entrañable, misterioso. Lo dice uno que ha pasado unos días en Edimburgo y ha percibido esas sensaciones. Lugares como Princess Street o North Bridge no serían lo mismo si no supiéramos que los ha cruzado Rebus de camino a la comisaría de Saint Leonard.


En Aguas turbulentas, el inspector Rebus se enfrenta la desaparición de Philippa Balbour, hija de un importante banquero local, con conexiones en las altas esferas que apremian la resolución del caso. La agente Siobhan Clark, compañera espiritual y laboral de Rebus, investiga el juego de rol en el que estuvo participando la desaparecida, mediante las claves que le proponía a través del correo electrónico un misterioso Programador. El caso se complica cuando aparece un pequeño ataúd hecho a escala con una muñeca en su interior, en las proximidades de la mansión campestre de la familia de la desaparecida.


Como en otras novelas de Rebus, Rankin introduce en Aguas turbulentas algunos relatos históricos de Edimburgo, en esta ocasión la historia de Burke y Hare, asesinos del siglo XIX que estrangulaban a sus víctimas para vender sus cadáveres a la facultad de medicina que los utilizaba en sus investigaciones del cuerpo humano, y la de los ataúdes en miniatura que aparecieron unos años después de la captura de los famosos asesinos en la cima de Arthur´s Seat, el volcán inactivo que preside la ciudad. La conexión entre estos históricos sucesos y el relato actual del inspector Rebus está bien hilada, y contribuye a aumentar la curiosidad por conocer el final.


Al igual que gran parte de los protagonistas de las series criminales actuales, el inspector Rebus es un antihéroe moderno cuya principal virtud consiste despreciar las conveniencias políticas internas del departamento de policía y centrarse en hacer bien su trabajo, con discreción y sin necesidad de reconocimiento público, un quehacer profesional que puede llevarle con frecuencia a la obsesión, una especie de necesidad vital. Es éste un denominador común de protagonistas como Montalbano, Jaritos o Wallander. En el caso de Rebus esta rebeldía va más allá, hasta el punto de llegar ser suspendido de empleo en muchos de sus casos. Y ello le ha impedido promocionar más allá de inspector, a pesar de contar con numerosos éxitos en su carrera, cercana ya a la jubilación.


Por lo demás, Rebus lleva una vida absolutamente gris, su mujer le abandonó, su hija se fue a vivir a Inglaterra y apenas tiene contacto con ella, y no tiene más vida social que la que comparte con viejos compañeros que van jubilándose o falleciendo y con la agente Siobhan Clark, una incipiente aprendiz de Rebus. El perfil políticamente incorrecto del inspector Rebus se completa con su afición a la bebida, que roza el alcoholismo.


Un buen indicativo de los tiempos que corren se encuentra en que los héroes modernos sean simplemente buenos y honrados profesionales, capaces de enfrentarse a todo por mantener sus principios de profesionalidad y honradez, asumiendo las consecuencias que ello pueda traerles (y que ineludiblemente les trae). Y la búsqueda compulsiva del criminal, una causa casi existencial por la que implicarse personalmente. Es curioso que quienes menos creen en los mecanismos de esta sociedad moderna sean los que con más empeño se dedican a protegerla, parecería que envían un mensaje a los criminales, yo tampoco creo en este mundo pero no me dedico a matar a nadie, me refugio en mi cinismo y los pequeños placeres de la vida, que en el caso de Rebus son el whisky, los bares y los discos de bandas o solistas británicos.


Ahora que se anuncia del final de la serie Rebus con la publicación de la última novela (hasta el momento) La música del adiós, es un buen momento para rescatar algunas novelas no leídas de este personaje, y degustarlas con la fruición del que apura los últimos tragos de un scotch con solera. Para quienes seguimos y estimamos sus andazas, no se concibe un Rebus jubilado, eso sería peor que matarlo.


LO MEJOR: La trama propuesta está hábilmente construida por varios pistas, algunas de ellos históricas, que componen un mecanismo que funciona con precisión y mantiene al lector pegado a sus líneas buscando desentrañar la historia, coronado con un gran cierre, algo especialmente difícil cuando se trata de un buen comienzo.


LO PEOR: Quizás su excesiva extensión (los casos de este protagonista no suelen bajar de quinientas páginas), si bien nos permite disfrutar un poco más del mundo Rebus, pero ralentiza en exceso el desarrollo de la historia. Pero ya digo, un mal menor.


ENLACES DE INTERÉS:


The Oxford Bar



domingo, 23 de noviembre de 2008

El accionista mayoritario

Petros Márkaris
Tusquets Editores.
Colección Andanzas, 2008

Calificación: 5/5

El comisario Jaritos es el protagonista de uno de los universos policíacos mejor planteados y más interesantes del género actual de detectives. Kostas Jaritos es jefe del departamento de homicidios de Ática, la región griega donde se encuentra Atenas. Tiene una relación de mutua desconfianza con su jefe, Guikas, del que se lleva frecuentes reprimendas por actuar por su cuenta sin consultarle previamente las posibles consecuencias políticas de sus investigaciones. Trabaja con dos colaboradores, Dermitzakis y Vlasópulos, de los que apenas sabemos más que cumplen fielmente sus órdenes. Le tocó vivir el tiempo de la dictadura de los coroneles, obligándole a presenciar detenciones arbitrarias y torturas, a las que intentó ser ajeno. En una de estas situaciones conoció a Zisis, militante comunista que le ayuda y aconseja en su trabajo.


Vive con su mujer, Adrianí, ama de casa exclusivamente dedicada a cocinar y a ver la televisión, con la que mantiene constantes disputas domésticas. Su hija Katerina es una estudiante universitaria que vive en Salónica, a la que continuamente echa de menos y en la que el matrimonio ha puesto todas sus ilusiones vitales. Conduce un Mirafiori que amenaza con dejarle tirado en cualquier momento y que es objeto de sorna generalizada. Como única afición tiene la del consultar el diccionario Dimitrakos (que da título a este blog), que le permite elucubrar sobre las distintas acepciones de las palabras que consulta.


Jaritos es un griego medio de su generación, descolocado por la rápida evolución de la sociedad y de la propia policía. Sin esperanza de comprender el mundo que le rodea, se contenta con cumplir bien con su trabajo, al que es completamente adicto. Esta meta es cuestión de dogma para él, no renuncia a ella a pesar de las dificultades que se le presentan para encontrar al culpable, incluso si ello supone enfrentarse a sus superiores, asumiendo las posibles repercusiones profesionales que puedan suponer para él.


La primera impresión al aproximarse al mundo de Jaritos es que resulta demasiado duro y real para resultar atractivo, pero cuando uno se adentra un poco más en él, se engancha definitivamente.


En esta ocasión, Jaritos tiene que hacer frente a una crisis familiar cuando el crucero en el que viaja su hija es secuestrado por unos terroristas. Para intentar alejarle de la resolución de esta situación, se le encarga el asesinato de un modelo publicitario, aparentemente otro caso sin más repercusiones. La situación se complica cuando se van sucediendo las víctimas relacionadas con el mundo publicitario y hace su aparición en escena el asesino del accionista mayoritario, que pretende erradicar la publicidad de los medios de comunicación, lo que supondría pérdidas millonarias, cierre de empresas, despidos masivos, en resumen, una crisis nacional. Los empresarios presionan a los políticos y éstos al comisario Jaritos, que no tiene hilos de los que ir tirando en la investigación, más allá de una Luger, pistola alemana de la Segunda Guerra Mundial con la que se cometen los asesinatos. Este dato nos remite a los batallones de seguridad, colaboracionistas de los nazis, y a la guerra civil griega, que tuvo lugar recién acabada la contienda mundial y que enfrentó al gobierno monárquico instaurado por los británicos, con los guerrilleros comunistas del ELAS.

Cada historia de Jaritos tiene tirón argumental, recae sobre temas actuales (la publicidad, la inmigración, los intereses políticos, y contiene multitud de referencias familiares, culturales, sociales, históricas, que van surgiendo de forma espontánea a lo largo del desarrollo de las investigaciones. Además, Márkaris utiliza un personal estilo en presente y primera persona, que le permite ahondar en la personalidad del protagonista en su interacción los demás personajes. Gracias a ellos conocemos los distintos comportamientos del comisario con su familia, sus jefes, sus subordinados, con los sospechosos de los casos, etc.


Se ha hablado de una novela policíaca europea, y dentro de ésta, se distingue entre una novela policíaca mediterránea, representada por nombres como Márkaris, Camilleri, incluso Gür, sin olvidar a los autores españoles, y una novela policíaca del Norte de Europa, en la que figuran autores como Mankell, Rankin, Ani, Schlink, etc. A mi juicio la diferencia entre estos autores consiste principalmente en las diferencias existentes en las propias sociedades que retratan. Sin pretender establecer jerarquías imposibles entre ambas, como ya se habrá podido adivinar por el título de este blog, el que suscribe siente predilección por los primeros autores.


LO MEJOR: Como en las mejores recetas, todos los ingredientes están sabiamente añadidos y mezclados, en su justa medida, para que resulten a la vez verosímiles e interesantes. El accionista mayoritario es la esencia de la mejor y más actual novela policíaca. El estilo en presente y una buena ponderada primera persona le dan un punto de vista original a la historia, sin caer en un exceso de protagonismo del personaje principal.


LO PEOR: Recientemente se ha vuelto a publicar Defensa cerrada en una edición más cuidada de Anagrama, pero se dejen engañar los profanos en Jaritos, no es nueva, la última publicada en castellano es El accionista mayoritario.
Habrá que esperar un tiempo para leer una nueva novela del comisario Jaritos...


ENLACES DE INTERÉS:

domingo, 16 de noviembre de 2008

Ian Rankin jubila al detective Rebus

Lo que nos temíamos, se confirma: el inspector Rebus se jubila. Ocurre en el último libro de la serie protagonizada por el detective de Edimburgo, titulado La música del adiós, y supone (de momento) el fin de las adictivas pesquisas de este personaje. En el suplemento BABELIA de EL PAIS del día 15 de noviembre se publica un artículo sobre este nuevo caso del inspector Rebus.

Ian Rankin jubila al detective Rebus.- BABELIA (15/11/2008).

domingo, 26 de octubre de 2008

La interpretación del asesinato

Jed Rubenfeld
(The interpretation of murder)
Panorama de narrativa

Editorial Anagrama, 2007
Calificación: 2/5

La interpretación del asesinato (parafraseando una de las principales obras de Freud, La interpretación de los sueños) nos propone una historia de intriga enmarcada en la temática de psicoanálisis y en el Nueva York de principios del siglo XX, con motivo del viaje que efectivamente realizaron a Estados Unidos Sigmund Freud y dos de sus colaboradores, Ferenczy y Jung, invitados por la Universidad de Clark para dar una serie de conferencias.

El mismo día que llegan estos ilustres visitantes a la ciudad se encuentra en los lujosos apartamentos Balmoral el cadáver de una joven que ha sido estrangulada con una corbata de seda y con señales de haber sido azotada. Al día siguiente una rica heredera, Nora Acton, es atacada en su residencia y logra sobrevivir cuando estaba siendo estrangulada con el mismo método. Pero la joven ha perdido la voz y la memoria, por lo que se encarga al doctor Stratham Younger, discípulo de Freud, que psicoanalice a la víctima para averiguar qué sucedió.

Los ingredientes de esta novela (olvídense los que buscan una novela negra propiamente dicha) resultantes a priori sumamente atractivos. Integrar en una historia de misterio la temática de psicoanálisis y la presencia de personajes y hechos históricos constituyen un interesante aliciente. El género de detectives, y más concretamente la novela negra, está vinculado estrechamente a la psicología conductista, que explica el comportamiento humano como resultado de la interacción del individuo con el medio social, físico y biológico.

En cambio, el psicoanálisis no es un elemento recurrente en este tipo de relatos, a pesar de que brinda recursos potencialmente muy aprovechables para una historia de estas características: al igual que el detective intenta averiguar las razones últimas de un crimen, quién, cómo, cuándo, dónde, y sobre todo, el por qué del crimen, el psicoanalista pretende introducirse en la mente humana para desentrañar los motivos originales de nuestra personalidad (dicho todo esto desde mi ignorancia de profano en la materia). Este paralelismo entre investigación criminal y psicoanalítica puede resultar una guión insólito para un género en el que es muy difícil resultar original.

En este camino La interpretación del asesinato amaga pero no ahonda, el juego psicoanalítico que propone inicialmente, se abandona pronto y se limita a formar parte del marco temático e histórico. Aunque la temática suponga un hallazgo original, se queda en un simple decorado. En cuanto a la historia en sí misma, en mi opinión se recurre a demasiados giros en la trama y en los personajes; lo que gana en suspense y sorpresa, lo pierde en credibilidad y verosimilitud.; lo que empieza siendo una propuesta estimulante y original acaba en un relato... digamos, entretenido en el mejor de los casos.

LO MEJOR: El marco histórico-geográfico-temático y la intervención de personajes históricos suponen los mayores aciertos de la historia.

LO PEOR: El progresivo enrevesamiento de la trama supone un recurso fácil y artificial para elevar el suspense, y hace que al finalizar su lectura ésta sea otra historia más.

sábado, 25 de octubre de 2008

Artículo sobre El asesino piadoso

El jueves 23 de octubre se publicó en El Cultural de EL MUNDO una reseña sobre el último libro de J.M. Guelbenzu, El asesino piadoso.

CRÍTICA: El asesino piadoso.- EL CULTURAL (23/10/2008)

sábado, 4 de octubre de 2008

Out

Natsuo Kirino
Editorial Emecé, 2008
Calificación: 3/5

En Japón los trenes llegan con una puntualidad rigurosa, las calles están pulcras sin necesidad de papeleras ni barrenderos, se cruza por los pasos de cebra. Cada japonés sabe el papel que tiene que desempeñar para que la sociedad funcione como un reloj de precisión. Y espera que también su vecino desempeñe el papel que le corresponde.

Quien haya estado en Tokyo habrá comprobado que es una ciudad mucho más ordenada que otras grandes, a pesar de cuadruplicar con creces su población con respecto a Madrid y ocupar una extensión menor. Japón muestra una realidad impermeable de organización, eficiencia y progreso, ideas que se asocian automáticamente a este país.

A vueltas con Japón y lo japonés, Out nos enseña la otra cara de este país, no la cara del vicio, como en Sopa de miso, que también forma parte de lo aceptado socialmente aunque no reconocido, sino la cara de aquellos no desempeñan el papel que les toca y son rechazados por la sociedad japonesa.

El eje central de esta novela lo componen cuatro mujeres, cuatro arquetipos rechazados, cada una por motivos diferentes, que confluyen en una vía muerta y sin esperanza, un trabajo nocturno de envasadoras en una cadena de producción de una fábrica. El único elemento en común que las une, también las define; el trabajo nocturno es su refugio ante el rechazo social y familiar.

Una de estas mujeres, harta de los abusos y maltratos de su marido, lo mata en un arranque de rebeldía. Sus compañeras de trabajo la ayudan a deshacerse del cuerpo. La policía culpa al dueño de un club nocturno con el que el fallecido discutió la noche antes de su muerte. A partir de aquí la trama se va enredando y desenredando en sucesivos ovillos, y ganando progresivamente intensidad hasta el clímax final. Estos ovillos están bien hilados, uno nos lleva al otro de forma espontánea.

En Out el protagonista no persigue al criminal, las protagonistas huyen de todo, de su familia, de la empresa, de la policía, del loco asesino. Como en El talento de Mr. Ripley, nos hacemos cómplices del criminal y deseamos que no sea descubierto, que supere todas las pruebas y consiga alcanzar la vida que desea. Y en esa clave, la historia acierta plenamente.

Buena descripción de la situación, el entorno, las circunstancias, la historia de estas mujeres y de los personajes que se mueven alrededor de ellas. Sin embargo, estos personajes, y en especial las cuatro protagonistas, se acercan a arquetipos rígidos, desempeñan el papel que les ha tocado hasta el final. La novela negra se caracteriza por tener unos personajes muchas veces ambiguos, dudan, se arrepienten, son imprevisibles. Poco de ello sucede en esta historia japonesa.

De nuevo escabechinas sangrientas, estallidos súbitos de violencia y locos asesinos. Ignoro si es una seña de identidad de la novela negra japonesa, lo cierto es que tanto Sopa de Miso como Out tienen estos elementos en común. Los descuartizamientos de cadáveres son descritos con cierta naturalidad; supongo que una muerte por envenenamiento en una novela negra japonesa sería considerado como algo extremadamente insulso, un caso indigno de ser investigado.

En suma, una buena novela, entretenida e interesante, pero de momento voy a descansar de vísceras, gore y sádicos asesinos, salvo que alguien conozca una novela japonesa de este género que plantee otros recursos.

LO MEJOR Y LO PEOR: Sin ánimo de sentar dogma, una novela negra puede valorarse principalmente por el marco donde sitúa la acción, los personajes, la trama o tramas, y el desenlace. Podría añadírsele un elemento más, uno general que los une: el consciente o inconsciente que lo mueve todo, el motivo subyacente (no me gusta hablar de mensaje o moraleja).

Si tal fuera el caso, Out obtiene un notable en el marco, un aprobado en los personajes (bien planteados pero un tanto arquetípicos) un notable en las tramas y un suspenso en el desenlace (¿cuántas historias se malogran por un pobre final?). Sencillamente no me creo el final, el sadomasoquismo seguirá siendo un misterio para mí.

OTROS LIBROS DE LA AUTORA: Que yo sepa, no se han publicado más libros de esta autora en castellano. En inglés se han editado Grotesque (2007), What Remains (2008) y Real World (2008).